Mc 1,
40-45
Se
acercó a Jesús un leproso
Si
quieres, puedes limpiarme
Quiero, queda limpio
No se
lo digas a nadie. Pero para que conste, ve a presentarte al
sacerdote
“Se acercó a Jesús un leproso”
Lo puro
y lo impuro. Quizá nada produjo más corrupción en Israel que el
señuelo de la “pureza”. Parece como si los hombres naciéramos ya
impuros. No seres por terminar, si no sucios. E gran error de la
impureza: desde que nacemos, producimos impureza contaminante.
Después, viene la Ley religiosa, las leyes religiosas que hunden
al hombre en su búsqueda de la pureza. Para un israelita, y para
sus sucesores los cristianos, la finalidad de la vida es
purificarnos. Porque el impuro no tiene acceso a Dios. El leproso
era la imagen viva de la impureza y del marginado. El pueblo era
tan intransigente contra el leproso que le exigía vivir fuera de
los núcleos habitados y tocar una campanilla para avisar de su
presencia.
“Si quieres, puedes limpiarme”.
Lo que
pide el leproso es vivir. No se queja de Dios. No se queja
de la Ley. Se siente excluido del “reino” y del pueblo.
Su exclusión es por motivos religiosos. Cree el leproso que al
estar marginado por la institución religiosa también Dios lo
rechaza: No lo piensa solo él, también lo piensa el pueblo. Y lo
que es peor, la misma Institución Religiosa cree que Ella es quien
gestiona y administra la pureza o la impureza. La única solución
para aquel leproso era Jesús: “Si
quieres, puedes limpiarme”.
“Quiero, queda limpio”.
Sí,
Jesús lo quiso. Esa era su misión: eliminar la lepra del cuerpo y
eliminar el sentimiento de sentirse marginado por Dios. La
marginación es la consecuencia del tinglado creado por los
hombres. Su marginación no procedía de Dios. Esas leyes no son de
Dios, sino de la Institución que ha suplantado a Dios.
“No se lo digas a nadie”.
Con
frases como ésta, algunos han creído que Jesús guardaba un
“secreto mesiánico” o su divinidad. Hoy se ve más sencillo: Jesús
no busca el lío. La eliminación de la lepra es un mensaje: No
basta con estar limpio. Debe cambiar su mentalidad sobre Dios. Y
también cumplimentar los trámites impuestos por los sacerdotes
como prueba contra ellos. Y
“para que conste, ve a presentarte al sacerdote”
Es un
evangelio que debería pacificar a creyentes y grupos cristianos
que hoy se sienten señalados no sólo por los puros devotos sino
incluso por clérigos más intransigentes que han heredado el
derecho de marginar a quienes celebran sus eucaristías domésticas,
o se acercan a la mesa estando divorciados, o quieren ganarse la
vida enseñando religión cuando están señalados como impuros.
Luis
Alemán Mur
AMIGO DE LOS EXCLUIDOS
Jesús era muy sensible al
sufrimiento de quienes encontraba en su camino, marginados por la
sociedad, despreciados por la religión o rechazados por los
sectores que se consideraban superiores moral o religiosamente.
Es algo que le sale de dentro. Sabe
que Dios no discrimina a nadie. No rechaza ni excomulga. No es
solo de los buenos. A todos acoge y bendice. Jesús tenía la
costumbre de levantarse de madrugada para orar. En cierta ocasión
desvela cómo contempla el amanecer: "Dios hace salir su sol sobre
buenos y malos". Así es él.
Por eso, a veces, reclama con fuerza
que cesen todas las condenas: "No juzguéis y no seréis juzgados".
Otras, narra pequeñas parábolas para pedir que nadie se dedique a
"separar el trigo y la cizaña" como si fuera el juez supremo de
todos.
Pero lo más admirable es su
actuación. El rasgo más original y provocativo de Jesús fue su
costumbre de comer con pecadores, prostitutas y gentes
indeseables. El hecho es insólito. Nunca se había visto en Israel
a alguien con fama de "hombre de Dios" comiendo y bebiendo
animadamente con pecadores.
Los dirigentes religiosos más
respetables no lo pudieron soportar. Su reacción fue agresiva:
"Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de pecadores". Jesús no
se defendió. Era cierto. En lo más íntimo de su ser sentía un
respeto grande y una amistad conmovedora hacia los rechazados por
la sociedad o la religión.
Marcos recoge en su relato la
curación de un leproso para destacar esa predilección de Jesús por
los excluidos. Jesús está atravesando una región solitaria. De
pronto se le acerca un leproso. No viene acompañado por nadie.
Vive en la soledad. Lleva en su piel la marca de su exclusión. Las
leyes lo condenan a vivir apartado de todos. Es un ser impuro.
De rodillas, el leproso hace a Jesús
una súplica humilde. Se siente sucio. No le habla de enfermedad.
Solo quiere verse limpio de todo estigma: «Si quieres, puedes
limpiarme». Jesús se conmueve al ver a sus pies aquel ser
humano desfigurado por la enfermedad y el abandono de todos. Aquel
hombre representa la soledad y la desesperación de tantos
estigmatizados. Jesús «extiende su mano» buscando el
contacto con su piel, «lo toca» y le dice: «Quiero.
Queda limpio».
Siempre que discriminamos desde
nuestra supuesta superioridad moral a diferentes grupos humanos
(vagabundos, prostitutas, toxicómanos, sidóticos, inmigrantes,
homosexuales...), o los excluimos de la convivencia negándoles
nuestra acogida, nos estamos alejando gravemente de Jesús.
José Antonio Pagola
|
Red evangelizadora
BUENAS NOTICIAS
Haz llegar la Buena
Noticia de Jesús hasta los excluidos. Pásalo. |
12 de febrero de 2012
6 Tiempo ordinario
Marcos 1, 40-45 |
AMIC DELS EXCLOSOS
Jesús era molt sensible al patiment dels qui
trobava en el seu camí, marginats per la societat, menyspreats per
la religió o rebutjats pels sectors que es consideraven superiors
moral o religiosament.
És una cosa que li surt de dins. Sap que Déu no
discrimina ningú. No rebutja ni excomunica. No és només dels bons.
A tots acull i beneeix. Jesús tenia el costum de llevar-se de
matinada per pregar. Una vegada revelà com contempla l'albada: "Déu
fa sortir el sol sobre bons i dolents". Així és ell.
Per això, de vegades, reclama amb força que cessin
totes les condemnes: "No jutgeu i no sereu jutjats". D'altres,
narra petites paràboles per demanar que ningú es dediqui a
"separar el blat i el jull" com si fos el jutge suprem de tots.
Però el més admirable és la seva actuació. El tret
més original i provocatiu de Jesús va ser el seu costum de menjar
amb pecadors, prostitutes i gent indesitjable. El fet és insòlit.
Mai s'havia vist a Israel algú amb fama "d’home de Déu" menjant i
bevent animadament amb pecadors.
Els dirigents religiosos més respectables no ho van
poder suportar. La seva reacció va ser agressiva: "Aquí teniu un
golut i un bevedor, amic de pecadors". Jesús no es va defensar.
Era cert. En el més íntim del seu ésser sentia un respecte gran i
una amistat commovedora cap als rebutjats per la societat o la
religió.
Marc recull en el seu relat la curació d'un leprós
per destacar aquesta predilecció de Jesús pels exclosos. Jesús
està travessant una regió solitària. Tot d'una se li acosta un
leprós. No ve acompanyat per ningú. Viu a la solitud. Porta en la
seva pell la marca de la seva exclusió. Les lleis el condemnen a
viure apartat de tothom. És un ésser impur.
Agenollat, el leprós fa a Jesús una súplica humil.
Se sent brut. No li parla de malaltia. Només vol veure’s net de
tot estigma: «Si vols, em pots purificar». Jesús es commou
en veure als seus peus aquell ésser humà desfigurat per la
malaltia i l'abandonament de tots. Aquell home representa la
soledat i la desesperació de tants estigmatitzats. Jesús «va
estendre la mà» buscant el contacte amb la seva pell, «el
tocà» i li digué: «Ho vull, queda pur».
Sempre que discriminem des de la nostra suposada
superioritat moral a diferents grups humans (vagabunds,
prostitutes, toxicòmans, sidòtics, immigrants, homosexuals...), o
els excloem de la convivència negant-los el seu acolliment, ens
estem allunyant greument de Jesús.
José Antonio Pagola
|
Xarxa evangelitzadora
BONES NOTÍCIES
Fes arribar la Bona
Notícia de Jesús fins els exclosos. Passa-ho! |
12 de febrer de 2012
Diumenge VI durant l’any
Marc 1, 40-45 |
ZOKORATUEN
ADISKIDE
Jesus oso
sentibera zen bidean aurkitzen zuen sufrimenaren aurrean:
gizartetik bazterturik, erlijioak mespretxaturik edota moralaz edo
erlijioaz handiago sentitzen ziren sektoreek ukaturik ikusten zuen
jendearen sufrimenaren aurrean.
Barrutik
ateratzen zaio hori. Badaki Jainkoak ez duela inor bereizten. Ez
duela inor baztertzen, ez eskomikatzen. Ez dela jende onarena
bakarrik. Guztiak dituela onartzen eta bedeinkatzen. Goizean goiz
jaikitzeko ohitura zuen Jesusek, otoitz egiteko. Behin batean
egunsentia nola ikusten duen agertu du: «Onentzat eta gaiztoentzat
aterarazten du Jainkoak eguzkia». Horrelakoa da bera.
Horregatik,
batzuetan, indarrez eskatzen du gaitzespen guztiak etetea: «Ez
juzgatu eta ez zaituztete juzgatuko». Beste batzuetan, parabola
laburrak kontatzen ditu hau eskatzeko: ez dadila hasi inor «garia
eta belar txarra» bereizten, guztien epaile gorena bailitzan.
Baina bere
jarduera du gauzarik miresgarriena. Bekatariekin, prostitutekin
eta desiraezinekin otorduak egitea izan zen Jesusen ezaugarririk
bereziena eta probokatzaileena. Ezohikoa zen hori. Inoiz ez zen
ikusi Israel herrian «Jainkoaren gizaki» famako bat bekatariekin
bizi-bizi jaten eta edaten.
Gidari erlijioso
errespetagarrienek ezin jasan izan zuten hori. Oldarkor
erreakzionatu zuten: «Horra tripazain eta mozkor bat, bekatarien
adiskide bat». Jesusek ez zuen egin horren kontrako defentsarik.
Egia zen. Bere hondoaren hondoenean errespetu handia eta
adiskidetasun hunkigarria sentitzen zuen gizarteak edo erlijioak
zokoratua zuen jendearekiko.
Markosek
lepradun baten sendatzea dakar bere kontakizunean, baztertuekiko
Jesusek zuen maitasuna azpimarratzeko. Paraje bakarti bat
zeharkatzen ari da Jesus. Bat-batean, lepradun bat hurbildu zaio.
Lagunik ez du. Bakardadean bizi da. Bere larruan du baztertuaren
marka. Guztiengandik aparte bizitzera behartu dute legeek.
Pertsona kutsatua da.
Belauniko,
erregu apala egin dio Jesusi lepradunak. Zikin dakusa bere burua.
Ez dio hitz egin bere gaixotasunaz. Estigma orotatik garbi izan
nahi du: «Nahi baduzu, garbi nazakezu». Hunkitu egin da
Jesus gizaki hura bere oinetan ikustean, desitxuratua gaixotasuna
eta guztien baztertzea direla medio. Beste hainbat
estigmatizaturen bakardadea eta etsia irudikatzen du gizon horrek.
Jesusek «eskua luzatu du» haren larrua ukitu nahiz;
«ukitu du» eta diotso: «Nahi dut.
Izan zaitez garbi».
Geure ustezko
goratasun moraletik gizatalde desberdinen bat (eskekoak,
prostituituak, toxikomanoak, hiesdunak, etorkinak, homosexualak…)
bereizten dugunean edota elkar bizitzatik baztertzen, geure
harrera ona ukatuz, larriki ari gara urruntzen Jesusengandik.
Jose Antonio Pagola
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BERRI ONAK
Sare Ebanjelizatzailea
Helarazi Jesusen Berri Ona
baztertuengana.
Bidali hau. |
2012ko otsailaren 12a
Urteko 6. Igandea B
Markos 1,40-45 |
|
ILUSTRACIÓN
Mariasun |
SALMO 146
Mariasun |