Fe cansada

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EVANGELIO Luis Aleman y Pagola

 

12 de Febrero

 VI DOMINGO ORDINARIO

Mc 1, 40-45

 

Se acercó a Jesús un leproso

Si quieres, puedes limpiarme

Quiero, queda limpio

No se lo digas a nadie. Pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote

 

 

“Se acercó a Jesús un leproso”  Lo puro y lo impuro. Quizá nada produjo más corrupción en Israel que el señuelo de la “pureza”. Parece como si los hombres naciéramos ya impuros. No seres por terminar, si no sucios. E gran error de la impureza: desde que nacemos, producimos impureza contaminante. Después,  viene la Ley religiosa, las leyes religiosas que hunden al hombre en su búsqueda de la pureza. Para un israelita, y para sus sucesores los cristianos, la finalidad de la vida es purificarnos. Porque el impuro no tiene acceso a Dios. El leproso era la imagen viva de la impureza y del marginado. El pueblo era tan intransigente contra el leproso que le exigía vivir fuera de los núcleos habitados y tocar una campanilla para avisar de su presencia.

 

“Si quieres, puedes limpiarme”. Lo que pide el leproso es vivir. No se queja de Dios. No se queja de la Ley. Se siente excluido del “reino” y del pueblo. Su exclusión es por motivos religiosos. Cree el leproso que al estar marginado por la institución religiosa también Dios lo rechaza: No lo piensa solo él, también lo piensa el pueblo. Y lo que es peor, la misma Institución Religiosa cree que Ella es quien gestiona y administra la pureza o la impureza. La única solución para aquel leproso era Jesús: “Si quieres, puedes limpiarme”.

 

“Quiero, queda limpio”. Sí, Jesús lo quiso. Esa era su misión: eliminar la lepra del cuerpo y eliminar el sentimiento de sentirse marginado por Dios. La marginación es la consecuencia del tinglado creado por los hombres. Su marginación no procedía de Dios. Esas leyes no son de Dios, sino de la Institución que ha suplantado a Dios.

 

“No se lo digas a nadie”. Con frases como ésta, algunos han creído que Jesús guardaba un “secreto mesiánico” o su divinidad. Hoy se ve más sencillo: Jesús no busca el lío. La eliminación de la lepra es un mensaje: No basta con estar limpio. Debe cambiar su mentalidad sobre Dios. Y también cumplimentar los trámites impuestos por los sacerdotes como prueba contra ellos. Y “para que conste, ve a presentarte al sacerdote”

 

Es un evangelio que debería pacificar a creyentes y grupos cristianos que hoy se sienten señalados no sólo por los puros devotos sino incluso por clérigos más intransigentes que han heredado el derecho de marginar a quienes celebran sus eucaristías domésticas, o se acercan a la mesa estando divorciados, o quieren ganarse la vida enseñando religión cuando están señalados como impuros.

 

 

Luis Alemán Mur

 

 

AMIGO DE LOS EXCLUIDOS 

 

               Jesús era muy sensible al sufrimiento de quienes encontraba en su camino, marginados por la sociedad, despreciados por la religión o rechazados por los sectores que se consideraban superiores moral o religiosamente.

               Es algo que le sale de dentro. Sabe que Dios no discrimina a nadie. No rechaza ni excomulga. No es solo de los buenos. A todos acoge y bendice. Jesús tenía la costumbre de levantarse de madrugada para orar. En cierta ocasión desvela cómo contempla el amanecer: "Dios hace salir su sol sobre buenos y malos". Así es él.

               Por eso, a veces, reclama con fuerza que cesen todas las condenas: "No juzguéis y no seréis juzgados". Otras, narra pequeñas parábolas para pedir que nadie se dedique a "separar el trigo y la cizaña" como si fuera el juez supremo de todos.

               Pero lo más admirable es su actuación. El rasgo más original y provocativo de Jesús fue su costumbre de comer con pecadores, prostitutas y gentes indeseables. El hecho es insólito. Nunca se había visto en Israel a alguien con fama de "hombre de Dios" comiendo y bebiendo animadamente con pecadores.

               Los dirigentes religiosos más respetables no lo pudieron soportar. Su reacción fue agresiva: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de pecadores". Jesús no se defendió. Era cierto. En lo más íntimo de su ser sentía un respeto grande y una amistad conmovedora hacia los rechazados por la sociedad o la religión.

               Marcos recoge en su relato la curación de un leproso para destacar esa predilección de Jesús por los excluidos. Jesús está atravesando una región solitaria. De pronto se le acerca un leproso. No viene acompañado por nadie. Vive en la soledad. Lleva en su piel la marca de su exclusión. Las leyes lo condenan a vivir apartado de todos. Es un ser impuro.

               De rodillas, el leproso hace a Jesús una súplica humilde. Se siente sucio. No le habla de enfermedad. Solo quiere verse limpio de todo estigma: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús se conmueve al ver a sus pies aquel ser humano desfigurado por la enfermedad y el abandono de todos. Aquel hombre representa la soledad y la desesperación de tantos estigmatizados. Jesús «extiende su mano» buscando el contacto con su piel, «lo toca» y le dice: «Quiero. Queda limpio».

               Siempre que discriminamos desde nuestra supuesta superioridad moral a diferentes grupos humanos (vagabundos, prostitutas, toxicómanos, sidóticos, inmigrantes, homosexuales...), o los excluimos de la convivencia negándoles nuestra acogida, nos estamos alejando gravemente de Jesús.

              

José Antonio Pagola

 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS

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12 de febrero de 2012

6 Tiempo ordinario

Marcos 1, 40-45

    

AMIC DELS EXCLOSOS 

 

Jesús era molt sensible al patiment dels qui trobava en el seu camí, marginats per la societat, menyspreats per la religió o rebutjats pels sectors que es consideraven superiors moral o religiosament.

És una cosa que li surt de dins. Sap que Déu no discrimina ningú. No rebutja ni excomunica. No és només dels bons. A tots acull i beneeix. Jesús tenia el costum de llevar-se de matinada per pregar. Una vegada revelà com contempla l'albada: "Déu fa sortir el sol sobre bons i dolents". Així és ell.

Per això, de vegades, reclama amb força que cessin totes les condemnes: "No jutgeu i no sereu jutjats". D'altres, narra petites paràboles per demanar que ningú es dediqui a "separar el blat i el jull" com si fos el jutge suprem de tots.

Però el més admirable és la seva actuació. El tret més original i provocatiu de Jesús va ser el seu costum de menjar amb pecadors, prostitutes i gent indesitjable. El fet és insòlit. Mai s'havia vist a Israel algú amb fama "d’home de Déu" menjant i bevent animadament amb pecadors.

Els dirigents religiosos més respectables no ho van poder suportar. La seva reacció va ser agressiva: "Aquí teniu un golut i un bevedor, amic de pecadors". Jesús no es va defensar. Era cert. En el més íntim del seu ésser sentia un respecte gran i una amistat commovedora cap als rebutjats per la societat o la religió.

Marc recull en el seu relat la curació d'un leprós per destacar aquesta predilecció de Jesús pels exclosos. Jesús està travessant una regió solitària. Tot d'una se li acosta un leprós. No ve acompanyat per ningú. Viu a la solitud. Porta en la seva pell la marca de la seva exclusió. Les lleis el condemnen a viure apartat de tothom. És un ésser impur.

Agenollat, el leprós fa a Jesús una súplica humil. Se sent brut. No li parla de malaltia. Només vol veure’s net de tot estigma: «Si vols, em pots purificar». Jesús es commou en veure als seus peus aquell ésser humà desfigurat per la malaltia i l'abandonament de tots. Aquell home representa la soledat i la desesperació de tants estigmatitzats. Jesús «va estendre la mà» buscant el contacte amb la seva pell, «el tocà» i li digué: «Ho vull, queda pur».

Sempre que discriminem des de la nostra suposada superioritat moral a diferents grups humans (vagabunds, prostitutes, toxicòmans, sidòtics, immigrants, homosexuals...), o els excloem de la convivència negant-los el seu acolliment, ens estem allunyant greument de Jesús. 

 

José Antonio Pagola

 

Xarxa evangelitzadora BONES NOTÍCIES

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12 de febrer de 2012

Diumenge VI durant l’any

Marc 1, 40-45

                    

ZOKORATUEN ADISKIDE

 

                   Jesus oso sentibera zen bidean aurkitzen zuen sufrimenaren aurrean: gizartetik bazterturik, erlijioak mespretxaturik edota moralaz edo erlijioaz handiago sentitzen ziren sektoreek ukaturik ikusten zuen jendearen sufrimenaren aurrean.

                   Barrutik ateratzen zaio hori. Badaki Jainkoak ez duela inor bereizten. Ez duela inor baztertzen, ez eskomikatzen. Ez dela jende onarena bakarrik. Guztiak dituela onartzen eta bedeinkatzen. Goizean goiz jaikitzeko ohitura zuen Jesusek, otoitz egiteko. Behin batean egunsentia nola ikusten duen agertu du: «Onentzat eta gaiztoentzat aterarazten du Jainkoak eguzkia». Horrelakoa da bera.

                   Horregatik, batzuetan, indarrez eskatzen du gaitzespen guztiak etetea: «Ez juzgatu eta ez zaituztete juzgatuko». Beste batzuetan, parabola laburrak kontatzen ditu hau eskatzeko: ez dadila hasi inor «garia eta belar txarra» bereizten, guztien epaile gorena bailitzan.

                   Baina bere jarduera du gauzarik miresgarriena. Bekatariekin, prostitutekin eta desiraezinekin otorduak egitea izan zen Jesusen ezaugarririk bereziena eta probokatzaileena. Ezohikoa zen hori. Inoiz ez zen ikusi Israel herrian «Jainkoaren gizaki» famako bat bekatariekin bizi-bizi jaten eta edaten.

                   Gidari erlijioso errespetagarrienek ezin jasan izan zuten hori. Oldarkor erreakzionatu zuten: «Horra tripazain eta mozkor bat, bekatarien adiskide bat». Jesusek ez zuen egin horren kontrako defentsarik. Egia zen. Bere hondoaren hondoenean errespetu handia eta adiskidetasun hunkigarria sentitzen zuen gizarteak edo erlijioak zokoratua zuen jendearekiko.

                   Markosek lepradun baten sendatzea dakar bere kontakizunean, baztertuekiko Jesusek zuen maitasuna azpimarratzeko. Paraje bakarti bat zeharkatzen ari da Jesus. Bat-batean, lepradun bat hurbildu zaio. Lagunik ez du. Bakardadean bizi da. Bere larruan du baztertuaren marka. Guztiengandik aparte bizitzera behartu dute legeek. Pertsona kutsatua da.

                   Belauniko, erregu apala egin dio Jesusi lepradunak. Zikin dakusa bere burua. Ez dio hitz egin bere gaixotasunaz. Estigma orotatik garbi izan nahi du: «Nahi baduzu, garbi nazakezu». Hunkitu egin da Jesus gizaki hura bere oinetan ikustean, desitxuratua gaixotasuna eta guztien baztertzea direla medio. Beste hainbat estigmatizaturen bakardadea eta etsia irudikatzen du gizon horrek. Jesusek «eskua luzatu du» haren larrua ukitu nahiz; «ukitu du» eta diotso: «Nahi dut. Izan zaitez garbi».

                   Geure ustezko goratasun moraletik gizatalde desberdinen bat (eskekoak, prostituituak, toxikomanoak, hiesdunak, etorkinak, homosexualak…) bereizten dugunean edota elkar bizitzatik baztertzen, geure harrera ona ukatuz, larriki ari gara urruntzen Jesusengandik.

 

Jose Antonio Pagola

            

BERRI ONAK Sare Ebanjelizatzailea

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2012ko otsailaren 12a

Urteko 6. Igandea B

Markos 1,40-45

 

 

 

ILUSTRACIÓN

Mariasun

SALMO 146

Mariasun